3ª Trimestre
lunes, 6 de junio de 2011
Intentar tocar el cielo, subir a las nubes y flotar en ellas como si estuviera en un sueño en el que solo existimos tú y yo, poder volar sin tener alas, poder saltar sin miedo a caerte, siempre agarrada de tu mano y llegar lo más lejos posible, por encima del cielo. Porque de tu mano tú me haces volar, flotar, saltar, querer y sonreír.
No todo es fácil, no todo lo conseguimos al instante, las cosas requieren esfuerzo y alguna vez que otra, un poco de paciencia, a veces un poco de ayuda no viene mal, que alguien te anime a seguir adelante, que este ahí cuando lo necesites, que no te deje sola en ningún momento, que si te haces una herida, esté ahí para curártela. Este tipo de personas tienen un nombre especial, amigos. Hay poca gente que tiene amigos de verdad, de esos que están en las buenas y en las malas, de esos que cuando estas pasando por un mal momento, están para secarte las lágrimas y para una vez más, hacerte sonreír. Es ese que al despertar sabes que siempre tendrás a alguien que te va a abrazar, que nunca te va a soltar, y lo más importante, que hará que te sientas especial.
¿Qué es esto que siento cada vez que te veo? Siento como mariposas en el estómago, siento un nudo en la garganta que se va haciendo más y más grande y al rato explota por mis ojos en una forma aguada y cristalina. ¿Por qué lloro? No paran de bajar por mis mejillas pequeñas gotas cristalinas que se van deslizando hasta llegar a mi boca, tienen un sabor amargo aunque a la vez dulce. Las mariposas siguen revoloteando sin parar, quieren salir pero no pueden, no tienen manera de escapar. ¿Qué me esta pasando? ¿Qué es todo esto? Una vez más miles de preguntas sin respuesta rondan mi cabeza, preguntas que nadie puede responder. Mientras, las lágrimas seguirán formando pequeñas cascadas y las mariposas buscarán la forma de salir.
Soy realmente estúpida. Deseo tenerlo, pero no tengo el valor suficiente para coger al toro por los cuernos, para decirle de una vez por todas “te quiero”. El miedo me vence, tengo miedo a estropearlo todo, miedo a perderle para siempre, miedo a no volver a perderme en sus ojos e imaginar que mi sueño se pudiera cumplir, miedo a que no me vuelva a sonreír, miedo a que mi corazón deje de latir. Todo es difícil, difícil de entender y difícil de explicar, es fácil decirlo pero no tanto hacerlo. Aún así piensas lo que algún día le vas a decir, lo que podría pasar, piensas cada palabra, cada gesto, cada mirada, lo planeas todo. Llega el momento, ves como se acera a ti, entonces empiezas a sudar, el pulso te empieza a temblar, él pega su frente contra la tuya y a ti lo único que se ocurre es girar la cabeza, y una vez más el miedo vence, otra oportunidad más perdida, te vuelves a quedar sin saber como es que alguien te quiera, que alguien te haga reír, que alguien te regale un sonrisa día tras día, que alguien te abrace y te sientas protegida. Como se puede perder todo en un instante, como puedes perder a la persona que más quieres con un simple gesto, ahora sí, sé que la próxima vez venceré al miedo.
Hay otros.
Hay otros. Sí, claro que hay otros. Uno, dos, tres, quizás cuatro.Pero eso no significa que esos abrazos me gusten más que los tuyos o que esas sonrisas me hagan sonreír a mi también. Que haya otro no significa que en cada momento más insignificante del día, ya no me acuerde de ti. Sí claro, claro que hay otros. Más altos, más guapos, más bajos o más feos. Más simpáticos o más antipáticos, más niñatos o más hombres. Más o menos, eso da igual. Hay otros, pero ninguno de ellos eres tú. Y yo te quiero a ti. Querer lo que viene a ser querer (sentir, tener miedo, el pulso acelerado y el corazón entre triste y contento) eso solo me pasa contigo. ¿Te queda claro ya? Espero que sí, porque yo ya no se como explicártelo.
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